En la mañana del 22 de febrero, como la mayoría de los otros días, personas subían al tren que los conducía camino a su trabajo, camino a visitar a alguien, quizás solamente a averiguar algo.La mayoría de la gente era trabajadora.
El tren había comenzado su recorrido temprano, la gente subía en cada estación, cada uno con distintos planes que realizar ese día, nadie sabía que esos planes desaparecerían como cenizas en el aire.
Madres con sus hijos agarrados de la mano con sólo el objetivo de protejerlos.Adultos con portafolios con el sólo hecho de ir a trabajar. Gente con hojas de estudio para poder ir a estudiar.
Va llegando el tren a la última estación, las personas espectantes se van acercando a la puerta para poder salir y dirigirse a su destino.
Nunca se hubiesen imaginado el destino trágico de cada uno de ellos. Algunos se salvaron, otros sólo tuvieron heridas. Pero 49 personas habían fallecido.
Gritos suplicantes recorrrían los vagones del transporte. La desesperación ocupaba el rostro de toda la gente.
Todos estaban buscando a sus familiares, entre medio de cadáveres, tratando de encontrar a sus seres queridos. Algunos ayudaban a socorrer a los dañados, otros solamente corrían tratando de huir de aquella tragedia.
¿Cuanto costaría los frenos del tren? 49 almas.
Niños, madres, padres, hijos,hermanos, amigos, tíos, vecinos, murieron ahí, dejando en esos vagones todos los deseos que tenían por cumplir, dejando allí las esperanzas de vivir.
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