No llores, no vale tus lágrimas me decían mis amigas. No podía parar, era uno de esos momentos donde uno necesita llorar, llorar, llorar, llorar, y llorar.
Lo había hecho, me había lastimado nuevamente.
Explicando bien la situación, estábamos en un boliche, habíamos tomado, debió haber sido el famoso "pedo melancólico". Puede que haya sido una descarga sobre lo que siempre me pasó, esto de estar delante suyo y que ni siquiera me vea ni con rayos lasers. O solamente el hecho de aceptar que no me es correspondido, que necesito entender eso.
Y lo veo, veo que está con otra chica, besándose, abrazándose, bailando.
No se que me pasó, desearía haberme hecho la fuerte y orgullosa, pero no soy así.
En un instante me vi en el baño del boliche llorando con todo el delineador corrido, luego intenté reír, no me gustaba el hecho de que mis lágrimas fueran derramadas por la tristeza.
Mentí y dije cualquier excusa tonta, no era él el que me había hecho llorar, de todas formas no había sido su culpa enteramente.
Obligadamente tuve que volver a verlo, porque nos fueron a buscar para que bailemos con ellos. Tuve que soportarlo, toda la noche besándose.
Siempre la chica con la que se besó tenía que meterse para que no pudiéramos hablar, y en el momento que pudimos, vino y lo besó en frente mío. Otra mala suerte más, me volví a deprimir, sintiéndome totalmente fea e incompetente, las lágrimas saltaban de mis mejillas, de modo tal que se estaba volviendo imposible disimular.
Volví al baño, ese pasillo descuidado y sucio, parecía el único el cual me sentía protegida... él no podría verme, no podría ver lo que sufría, no podría saber. NUNCA.
Mis amigas me consolaban, "es un pelotudo, un idiota, no se da cuenta, no llores, no lo vale", pero no podía parar, sabía que no valía la pena. Pero aún así, mi corazón le pertenecía.
Traté de hacerme la indiferente luego de eso, al parecer funcionó bastante bien, ya que nadie me dijo nada.
Y ahora estoy acá, desahogándome frente a la computadora, Tratando No Llorar, aunque debo admitir, que es demasiado difícil olvidarlo, y más... no llorar.
Fue la segunda vez que sentí como si una copa de cristal se rompiera ante mí, y todos los vidrios se clavaran en mi garganta sin poder expresar ni una sola palabra, volviendo borrosa mi visibilidad debido a las lágrimas que brotaron en mis ojos.
Lo peor.... no puedo dejar de amarte.

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